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Zoé Valdés y la isla que quiso construir el paraíso
Continuamos el recorrido por autores nacidos en Cuba, con la autora de 'Te di la vida entera'


Belén Rodríguez Mourelo*


Prolífica escritora, Zoé Valdés (La Habana, 1959) pertenece a lo que se ha dado en llamar la Generación de los 90 en Cuba, o más bien, fuera de ella. Un grupo de escritores que nacen dentro de la Revolución (en la década de los 60), y que alcanzan la madurez literaria durante los 90, al tiempo del llamado “Periodo especial”, y que lleva a muchos a abandonar el país por su falta de recursos.

En esa misma década, publica sus muy conocidas y traducidas novelas ‘La nada cotidiana’ (Emecé Editores1995), ‘Te di la vida entera’ (1996, finalista del Premio Planeta) y ‘Café Nostalgia’ (Planeta, 1997), entre otras obras narrativas, líricas, de ensayo y periodísticas. Muchos críticos han considerado que Valdés es la iniciadora de una “corriente ´sociológica´ (en palabras de Abilio Estévez), en la que se mezclan varias características que aparecieron en ‘La Nada’, como “la decadencia isleña, el sexo, y la crítica política”. Desde 1995 vive en su exilio en París, con nacionalidad española desde 1996.

 

Como ha representado Jesús Díaz en su obra, durante la infancia y juventud de Valdés, Cuba pasó por décadas muy significativas para la cultura y las letras en la isla, y no precisamente por apogeo de las mismas, sino por censura y limitación del papel del artista e intelectual, redefinido por las famosas palabras de Castro: “Dentro de la Revolución, todo; fuera de la Revolución, nada.”

Estas palabras dieron lugar al famoso caso Padilla, así como al exilio de Reinaldo Arenas o Guillermo Cabrera Infante, y a la desilusión de Díaz y otros. Cuando Valdés comienza a escribir ficción en la década de los 80 (pues ya había destacado como poeta), había comenzado un proceso de más apertura cultural en la isla, después de que hubiese terminado el “Quinquenio Gris” (1971-1977, así denominado por Ambrosio Fornet).

 

‘La nada cotidiana’ comienza con una frase, repetida en su propia página web durante años: “Ella vino de una isla que quiso construir el paraíso”. Y al narrar la vida de su protagonista,  descubrimos la desilusión de un sistema que había intentado una utopía, pero que en su lugar erige una realidad de ruptura y resquebrajamiento de las redes familiares y sociales: “Nos han condenado a vivir desperdigados por el mundo, al peligro constante, al dolor agudísimo, en ese hondo precipicio de las conciencias, a la renuncia de nosotros mismos, de nuestros sueños”, dice la narradora. Otra descripción de ´la espiral´ y de sus consecuencias traumáticas.

 

En sus otras novelas mencionadas, da rienda suelta a la descripción de todos esos momentos rutinarios que crean la desavenencia y desconfianza entre los mismos cubanos, y las dificultades de una ciudad como La Habana durante el Periodo Especial, lo cual va rasgando la frágil estructura social. Por un lado, en ‘Te dí la vida entera’, como había hecho Jesús Díaz, se revisan los acontecimientos de la Revolución pero en la piel de personajes femeninos, que sufren directamente las consecuencias de la tensión política.

Uno de los personajes, María Regla, le dice a su madre: “Porque no tengo papá. Es un enemigo. Y los enemigos de la nueva sociedad no pueden tener hijos revolucionarios como yo: el hombre nuevo. Y la culpa la tienes tú, por haberme puesto un padre enemigo”. Por otro lado, en ‘Café Nostalgia’, situada ya a caballo entre La Habana y París, la protagonista, Marcela, huye de esa descomposición social, aunque arroja un halo de esperanza en una nueva vida: “No debemos dejar que nos venza el dolor, mucho menos el odio… Odio, que tengan aquellos, los responsables de toda la mierda que vivimos y a la que hemos sido condenados. Hay que quererse, caballero…” En un gesto á la Díaz, Valdés cierra Café Nostalgia queriendo “abrir un sitio de encuentro, donde la añoranza no constituya la flagelación permanente, sino un impulso para reivindicar la alegría”.

 

Sin embargo, y después de otras incursiones en la narrativa, en 2010 Valdés publica ‘El todo cotidiano’ (Planeta), esta vez desde la perspectiva única de la vida en el exilio (desde París). Con una visión aún más extrema, la misma protagonista de ‘La nada’, Yocandra, describe la dureza de la lejanía, la supervivencia, el camino hacia la adaptación. La lenta visión de alguien que continúa con la vida al margen del destino de su patria, pero también adaptándose al nuevo entorno: “A mi París! ¡Qué manera de amar esta ciudad! ¡Me siento una parisina-habanera!

¿No debería decir habanera-parisina?” Con actitud reivindicativa a lo largo de toda la novela, nos presenta el vacío creado por la distancia. Y con una frase familiar con la que comienza su historia, nos revela su hastío: “Ella huyó de Aquella Isla: Una isla que quiso construir el paraíso y creó el infierno”. Tal vez por ello, añade: ”No creo en nada, no creo en nada que tenga que ver con este mundo cada día más politiquero y más sombrío. Sólo creo en la literatura…”  

 

Así, recuperando su credo, en 2015 publica ‘La Habana, Mon Amour’ (Stella Maris), un canto a la ciudad de su origen y de su vida. Una descripción casi lírica de sus rincones, de sus recuerdos, de sus personajes. Una declaración de amor a la ciudad: “El sentimiento de pertenecer a un lugar es difícil de describir, y más cuando ese lugar es La Habana. Yo me fui, pero ella no se fue de mí. Ella se ha quedado aquí, a mi vera, en un acorde ininterrumpido”. 

*Belén Rodríguez Mourelo es profesora titular de Español en The Pennsylvania State University y autora de varios artículos sobre literatura del exilio, y del libro ‘Encounters in Exile. Themes in the Narrative of the Cuban Diaspora’ (Aduana Vieja)


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Belén Rodríguez Mourelo


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