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Alberto Manguel, el hombre que soñaba con bibliotecas
"La curiosidad nos permite avanzar y abrir las puertas, aguzar la imaginación y la creación"


El periplo de Alberto Manguel (Buenos Aires,1948), el autor canadiense que vivió “en más lugares de los que querría recordar”, ha tomado un nuevo rumbo al convertirse en director de la Biblioteca Nacional de Argentina. Cumplía así su fantasía adolescente: ser bibliotecario. Una tarea más para el escritor de novela, crítica, antología, biografía y ensayo.

 

Tras el éxito de ‘Una historia de la lectura’, Manguel nos entregó 'La librería de noche', un recorrido por las grandes bibliotecas del mundo. Y en su último libro, Una historia natural de la curiosidad (Alianza Editorial), nos propuso un recorrido por la búsqueda del conocimiento. 

 

Ha cumplido su sueño de ser bibliotecario, algo que los viajes le habían impedido.

Bueno, esas palabras fueron una excusa. Me fui de Argentina a los 19 años.No podía ser bibliotecario porque no tenía la disciplina ni la paciencia… así que este es el castigo.

 

Los últimos quince años vivió rodeado de libros en un viejo presbiterio en Francia.

Necesitaba espacio para mi biblioteca, pero uno depende de la geografía, y no podía permitirme comprar un lugar grande en las afueras de ninguna parte en Canadá, porque yo no manejo. En Francia, en el Loira, descubrí que la inmobiliaria era baratísima; compré el presbiterio y la instalé allí.

 

¿Qué ha hecho con esos miles de libros?

Entre 35 000 y 40 000... Ahora están en cajones en Montreal, esperando su resurrección. El año pasado me instalé en Nueva york, impartí clases en universidades y pensé que estaba en el último capítulo de mi vida: no sabía que era el primero de otro tomo.

 

Nos contó que la sociedad actual quería peones y empleados de banco.

Se valora lo rápido y lo fácil y la lectura es lenta y difícil.

 

Y que el mercado editorial no era ajeno a ello.

Si, salvo excepciones: algunas editoriales, estas librerías independientes. Más aún en el mundo anglosajón. Una de las peores cosas que le paso a la literatura es que las grandes empresas descubrieran que el libro es una cosa que se compra y se vende, y en lugar de ocuparse de pizzas o zapatos, se ocuparon del libro y causaron estragos. Hay libros que se construyen sobre una formula… y luego se sorprenden de que esos libros no permanezcan

 

Está, como tantas veces, de viaje. ¿Qué libros lleva cuando viaja?

Un clásico, una novela policial, un libro que quiera leer. No algo referente al lugar, porque es repetitivo, y me gustan los contrastes. Por ejemplo, ahora releo El idiota, de Dostoievski, que no se corresponde con España, claro.

 

Cuenta que, de niño, dejaba el libro que estaba leyendo para el día siguiente para prolongar el placer de la lectura.

Lo sigo haciendo. Hago un coitus interruptus y lo dejo, si es un libro que me gusta verdaderamente. Lo hice con Conrad, dejé un libro suyo durante años, y fue uno de mis favoritos.

 

¿Cuándo supo que tenía curiosidad por la curiosidad?

Hace mucho tiempo. La curiosidad nos permite avanzar y abrir las puertas, aguzar la imaginación y la creación. Me encantaría poder alejarme de mí mismo y observar desde fuera los procesos de imaginación y creación.


¿Ser curioso es volver a ser niño?

Hay dos formas de volver a ser niño: idiotizarnos, como quieren los políticos, y ser inteligentes; esto se consigue leyendo, inventando, proyectándose dentro de la novela, siendo uno de esos personajes.

 

Sus libros son abiertos, sin un final cerrado.

Sí, claro, es parte del proceso. Dar respuestas, conclusiones, decía Flaubert que es idiotez.

">Fotografía: P. Cosano/Anaya



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V. C.


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