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Conchita Quirós, librerías Cervantes y El Búho Lector (Oviedo)
“El libro tiene que estar muy cerca del cliente”


Conchita Quirós, Librerías Cervantes y el Búho Lector (Oviedo)


Cien mil volúmenes en las estanterías y un millón y medio de títulos en las bases de datos. Y, por encima de todo, el deseo de dar al lector, al amigo, lo que desea. Han pasado noventa y cinco años desde que Alfredo Quirós abriera una librería modesta en lo que entonces eran las afueras de Oviedo. Aquel hombre que organizaba tertulias al calor de los libros y convirtió a la Cervantes en un referente en la ciudad, contó desde muy pronto con el apoyo y la complicidad de una de sus hijas, Conchita.


Tras toda una vida como librera, Conchita Quirós amplió el negocio y puso en marcha en 2003 El Búho Lector, una de las primeras librerías en España especializadas en literatura infantil y juvenil. Ahora centra su actividad en los actos culturales y de promoción lectora que se organizan en el Foro Abierto, la continuación profesional de aquellas viejas tertulias; Alfredo, su sobrino, es el responsable de la gerencia de las librerías.


Cervantes recibió en 1996 el premio Librero del Año y en 2002 el premio del Librero Cultural. 





¿La seña de identidad de Cervantes?

El encuentro con los clientes, algo que aprendí de niña. Algo que no ha cambiado.



Toda tu vida está vinculada a la librería.

Mi madre era maestra y mi padre liberal, algo que no estaba bien visto y que le costó algunas sanciones. Yo siempre tuve mi vocación clara. Con diez años me preguntaron: ¿qué quieres que te regalemos? Les contesté: que me dejéis leer. Soy la mayor de cuatro hermanos y, de niña, ayudaba en la librería. La única que se dedicó a esto fui yo. Aprendí de pequeña a recomendar libros… y para eso hay que conocer a la gente.

Eso no cambia, pero los tiempos, sí.

Hay dos etapas en la librería: primero era la librería de don Alfredo y su hija; luego, de Conchita y su padre. En la primera estaban las reboticas, las tertulias, que a mí me encantaban. En tiempos en que todo estaba prohibido, hasta Alejandro Casona, teníamos libros prohibidos, era lo que llamábamos el infierno, con estanterías correderas que no estaban al acceso del público en general; libros que llegaban de México, de Argentina, de París, libros de Losada con el nombre de ‘Biblia’… los amigos se peleaban por llevárselos; allí empezaron parte de las tertulias. Con el tiempo eso fue derivando y fuimos creando un espacio, el Foro, pero esto surgió de la lógica de trabajo de mi padre.


No se entiende Cervantes sin ninguno de los dos.

Mi padre, fue más que mi padre, fue mi mentor, mi educador, quien me enseñó. Siempre tuvimos una relación afectiva y discutidora. En Oviedo se recuerda a mi padre porque ayudó a gente que no tenía dinero para pagar los libros, llevaba libros a quienes estaban en la cárcel… era, “en el buen sentido de la palabra, bueno”. Y yo fui recogiendo la antorcha con toda la ilusión.


Pero tuviste formación en Francia.

Sí, me formé en París, en los últimos años 50. Unos editores franceses me otorgaron una beca y la estancia me abrió los ojos. Vi muchas cosas por primera vez, pude conocer y descubrir librerías modélicas… tenía 22 ó 23 años y descubrí que había otro mundo.


Una tarea fundamental en la actualidad es la promoción cultural y de escritores.

Si veo que tienen calidad, los apoyo. Hacemos muchas actividades con la Sociedad de Escritores, apoyamos el premio Tigre Juan en un momento en que no tenía apoyo (luego lo recogió el ayuntamiento), hicimos el premio Quirós de tema asturiano aunque luego no pudimos continuarlo…


2008 fue el año en el que cambiaron muchas cosas. ¿Cómo lo vivisteis en la Cervantes? Justo en tiempos de cambio total, en 2008, hicimos la remodelación total de la librería. Y mi sobrino Alfredo tomó las riendas. Alfredo y yo nos complementamos perfectamente… y seguimos luchando.

Justo en tiempos de cambio total, en 2008, hicimos la remodelación total de la librería. Y mi sobrino Alfredo tomó las riendas. Alfredo y yo nos complementamos perfectamente… y seguimos luchando.


Con frecuencia hacéis presentaciones de libros y lecturas. ¿Cómo ves el impulso de los jóvenes poetas?

Lo descubrí hace poco y lo valoro. Hace que entren chicos de 15, de 18 años en las librerías, adolescentes que antes no entraban. No acabábamos de saber qué les gusta a los jóvenes y así lo vamos descubriendo.


¿Hay mucha gente que no se atreve a entrar en una librería?

Sí, hay a quienes les asusta. Nosotros nunca hicimos un examen a quienes entraban; teníamos mostradores y descubrimos que eran un obstáculo, que todo tenía que tener un fácil acceso, que el libro tiene que estar muy cerca del cliente, que no hay que agobiarle ni asustarle.


¿Qué queda del viejo espíritu fundador?

Quiero pensar que mucho. Aunque nos hemos ido adaptando a los tiempos, el espíritu original creo que sigue latente. Yo, como hija del fundador, he intentado transmitirlo al personal. Date cuenta de que la mayor parte de los empleados llevan con nosotros una media de tres décadas.


¿Puede mantenerse hoy una librería de fondo?

¿Puede mantenerse hoy una librería de fondo?
Creo que el fondo es, precisamente, lo que nos puede diferenciar de las grandes superficies, que atienden más a los best-sellers o están más sujetos a las modas.


¿Cuál es el papel de la librería independiente?

La librería independiente, para mí, es la auténtica librería. No concibo otro concepto. Conocer a los clientes, sus gustos, el trato diario y cercano, todo ello recíproco, es lo que da valor a la librería independiente, además de la gran satisfacción que ello te reporta.


¿Cómo se hace para que la gente joven vaya a las librerías?

¡Ojalá tuviera la respuesta! Es difícil, pero no imposible. Las primeras lecturas compartidas con los padres son el germen de la afición a los libros; y si amas los libros, es inevitable que te acerques a la librería aunque sea, en un primer momento, a ojear.


¿Cómo surgió el Búho Lector?

El Búho Lector nació tras detectar una carencia de literatura encaminada a los lectores más jóvenes. En Cervantes, el espacio que queríamos destinar para ello nos parecía pequeño así que, con grandes esfuerzos, para qué te voy a engañar, emprendimos la aventura de montar una librería según nuestras ilusiones. Por supuesto conocíamos lo que se estaba haciendo en otros países. Tengo que decirte con cierto orgullo que, en aquel momento, solo había un par de ellas en toda España, así que casi fuimos pioneros. Además, nos surgió la oportunidad de instalarnos casi al lado de nuestra librería matriz.


¿Cómo ves el futuro del librero y de las librerías?

¿Cómo surgió el Búho Lector?
El Búho Lector nació tras detectar una carencia de literatura encaminada a los lectores más jóvenes. En Cervantes, el espacio que queríamos destinar para ello nos parecía pequeño así que, con grandes esfuerzos, para qué te voy a engañar, emprendimos la aventura de montar una librería según nuestras ilusiones. Por supuesto conocíamos lo que se estaba haciendo en otros países. Tengo que decirte con cierto orgullo que, en aquel momento, solo había un par de ellas en toda España, así que casi fuimos pioneros. Además, nos surgió la oportunidad de instalarnos casi al lado de nuestra librería matriz.
¿Cómo ves el futuro del librero y de las librerías?
Hablar de futuro en los tiempos en los que vivimos es arriesgado. No obstante, yo soy optimista por naturaleza, con lo que te diré que creo que, pese a los malos momentos en que estamos inmersos, la figura del librero y las librerías pervivirán durante muchos años.


¿Qué libro nos recomiendas?

Por decir uno, entre los muchos que podría enumerar, ahí va uno: Nos vemos allá arriba, de Pierre Lemaitre, de la editorial Salamandra, que fue ganador del Premio Goncourt.

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