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Un antihéroe en tierras de Mongolia
Ian Manook nos ofrece en ‘Muertos en la estepa’ un viaje a todos los demonios


Antonio Ojeda*


Es colérico, indisciplinado, violento. No respeta las leyes, excepto la suya propia, ni a sus jefes, a los que es capaz de colocar una pistola en el gaznate. Su pasado es oscuro, misterioso, lleno de sueños, pesadillas. ¿Qué se puede hacer con un tipo así? Una novela negra. Quédense con este nombre Yeruldegger, inspector Yeruldegger.


Ian Manook -seudónimo de Patrick Manoukian (Meudon, Francia, 1949)- ha creado en su primera novela negra un personaje poderoso, sin concesiones, que llega dispuesto a ocupar un espacio preeminente, a puñetazos si hace falta, en la larga lista de policías y detectives tan de ficción que son reales.

Yeruldegger es un antihéroe, esa clase de personaje al que no sabes si amar o temer, pero que, en cualquier caso, te tiene agarrado por el cogote para que prestes atención a sus idas y venidas, a sus reflexiones y puñetazos, a sus interrogatorios. Delicados o violentos. A su manera de impartir justicia.


Muertos en la estepa es un viaje a todos los demonios. Personales y colectivos. Un viaje a los demonios del inspector Yeruldegger, un viaje a la corrupción policial y política, un viaje a los demonios, y los dioses, mongoles.


Marmotas en su jugo

No crean que Yeruldegger no tiene debilidades. Las tiene, se muere por el té salado con mantequilla y en la línea, tan actual, de policías y detectives con aficiones gastronómicas, es capaz de plantarse con maña ante un fogón. Sobre todo si es para preparar su plato predilecto. Juzguen ustedes mismos:

Cazar una marmota, dejarla reposar un rato para que se ablande…abrirle el vientre e introducir en su interior piedras gruesas y ardientes, coserla para que la carne se cueza por dentro y acercarla al fuego para cocinarlas por fuera.


Aquí quisiera ver yo a Pepe Carvalho o al comisario Montalbano. La receta de boodog, que así se llama este manjar mongol, no es, en cualquier caso, más que una de las innumerables inmersiones en la cultura de los mongoles que contiene la novela. Manook ha sido capaz, de la mano de Yeruldegger, de adentrarse con solvencia en el complejo mundo de la estepa, en las tradiciones, en el pasado, pero también en el presente. Yurtas con televisión por satélite.


Caótica y corrupta

La misma solvencia que demuestra en el escenario principal de la novela: Ulán Bator, la megalópolis desordenada, caótica, corrupta, subterránea, diabólica, por la que Yeruldegger se mueve con la misma facilidad con la que cabalga sin montura por las llanuras en persecución de algún criminal.

Acierto también, con los personajes secundarios. El inspector Choluum, la inspectora Oyun, la forense Solongo y, especialmente, Gantulga, un chaval pícaro y hábil, que lo ha aprendido todo en la nauseabunda ciudad subterránea que componen los grandes conductos de calefacción en el subsuelo de la capital. Todos ellos atrapados entre el pasado y el presente mongol, entre las tradiciones seculares y el capitalismo más salvaje de la actualidad.


Quédense con este nombre: Yeruldegger, inspector Yeruldegger. Ha venido para quedarse. Apártense, si es que pueden, cuando comience a repartir estopa.


*Antonio Ojeda, guionista y escritor, es autor entre otras obras de ‘Suerte de matar’ (Alba)

 

Muertos en la estepa

Ian Manook

Traductor: José Manuel Fajardo

Salamandra

480 pág.

22,00 €

 


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