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Babel era esto
A. Machado Libros publica un Quijote en 150 lenguas


Andaba ya inmersa, más bien inundada, en la elección de mis compras navideñas (ya sabéis que una, que tiene alma de rica y bolsillo de mileurista, pero que ha tenido más novios diletantes e intelectuales que nombres quiere acordarse, solo regala libros por Navidad) cuando me topé con esta noticia: se presenta el Quijote universal, la obra de Cervantes traducida a 150 lenguas y variedades lingüísticas, en un solo volumen.


Como no daba crédito a lo que me sonaba a novela, busqué qué editorial lo publicaba, y mira por donde, conocía al editor, Aldo García, de Antonio Machado Libros. Así que, ni corta ni dulcinea, me planté en la librería homónima, y le dije:


- Muy estimado, explícame qué es esto que acabo de leer. Y, por favor, dime cuánto ha pesado el susodicho.


Y él, sin irse por los cerros de Barataria, me dijo que sí, que era un proyecto quijotesco, un homenaje a los traductores y a la universalización de la obra cervantina: “cada capítulo o comentario está traducido a una lengua o variedad lingüística diferente, muchas realizadas para este libro; en total, hay cerca de cincuenta lenguas en las que se vierte parte del Quijote por primera vez”.


Imaginé al pobre maquetador, entre pdfs y diccionarios, ajustando textos, páginas y alfabetos que no habría visto en su vida, y pensé que él era uno de los personajes más quijotescos del libro.


Me contó también que “Don Quijote de la Mancha, cuya primera parte se publicó en 1605 en Madrid y la segunda diez años después, gozó desde sus primeras ediciones de gran éxito y difusión por todo el mundo, primero con ejemplares que se distribuyeron por Europa y América desde 1605, y luego por las traducciones que se hicieron: la primera traducción del Quijote fue al inglés, en 1612, y la hizo Thomas Shelton; dos años después Cesar Oudin lo tradujo al francés”.


Menos mal que tomé nota, porque hablar con Aldo es como asistir a una clase de koto, o arpa japonesa horizontal: si no vas preparada con un cuaderno y la mano descansada, te pierdes la mitad.


En fin, que salí de la librería ilustrada y con el primer ejemplar -a Aldo se le olvidó darme el dato, pero pesa más o menos como un paquete de un kilo de arroz- para mi tío, ese hombre del que ya os he hablado otras veces y que me da trabajo y una litera a miles de kilómetros de vez en cuando, y me encontré con que las calles de Madrid estaban cerradas al tráfico.


A lomos de un Rocinante imaginario, le pregunté a un agente (no literario, sino de la autoridad) si los caballos podían circular por ahí y, muy serio y muy digno, me explicó que solo los de la policía.


Me imaginé en Canadá, adonde llegaría también el libro, para que lo leyeran en inglés, en francés y en alguna otra lengua, montada en un caballo de la policía montada.

Hacía viento, pero no había molinos, y llovía, así que me metí en un café, porque la globalización se había llevado las ventas y había llenado la ciudad de franquicias.


Abrí al azar y leí la página 475:

- Si chamava -arrispuniu u parrinu- Ruy Pérez de Viedma, e vineva di npostu de muntagni de León.


Había caído en el siciliano.

Sicilia. No era mal lugar para empezar.


 

El Quijote universal. Siglo XXI es un proyecto que impulsan la asociación La Otra Andalucía, la Facultad de Filología de la Universidad Complutense de Madrid y Antonio Machado Libros



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